Soy una persona afortunada. De camino a Belém (9 horas de viaje), resulta que el motor del avión se inunda. Lo mejor es que lo dicen por megafonía, cosa que yo apenas entendí, pero me encantó la reacción de la gente.
A los cinco minutos paramos en el culo del mundo. Un aeropuerto del tamaño de la estación de Linares Baeza con sólo un mostrador de una compañia y una puerta de embarque, al parecer salía un vuelo a la semana.
Nos dicen que tardaran una hora en arreglarlo, pero han sido 7 y media. Lo mejor: que teníamos que estar pendientes de que nos avisaran, no salir de una habitación cutre don había 12 grados (si salías a la calle eran 50) y esperar. Normal: la gente desesperó y empezaron a mandarlos en taxis pagados por la compañía al hotel de la ciudad más cercana (Marabá, a dos horas en coche), decían que nos pagaban la estancia hasta tres días, despues ya no.
Aquí me puse a gritar en inglés y dije que quería comprar un billete nuevo para el próximo vuelo (pensando que estaba en Paris), el chico, sonriendo me respondió: el próximo vuelo es el miercoles, señora.
En medio de la nada, sin tiendas, sin cafeterias abiertas y con mucha gente que se dirigía a mi espontáneamente hablándome en portugués (esto me alienta: paso por una brasileira?).
Después de todo hice varios amigos: Bruno, está casado con hijos y va a Madrid en Junio, le recomendé algunos lugares, él también lo hizo de Belém. Romario, el unico gay del grupo (he dicho que yo era la unica extrangera?, esto era muy grande), a Romario lo llevaba viendo una hora desfilando con su maleta de ruedas de flores tropicales en tonos pasteles, con una camiseta con escote de pico ajustada que rezaba "fruto tropical", esto me enamoró y él viene a la sesión que hago en Meachuta con sus amigas, nos intercambiamos los teléfonos. Y la mejor: especie de novicia de unos veintycuatro años, no recuerdo su nombre, pero no paraba de repetirme haciendo esfuerzos y malabares para hablar español, que su sueño era vivir en Paris. Cuando le conté mi experiencia de estar en Brasil y no en Europa a ella se le olvidaba el calor, la inundación del motor y todo: juntaba las manos y sonreía abriendo mucho la boca. Se despidió de mi en Belém, me presentó a sus padres y me dio un abrazo.
He aprendido a recargar mi teléfono, cómo funcionas las cabinas en Brasil, los dos mil códigos diferentes para los móviles que hay en este país y que Jonathan me ayudó de sorprendentemente de una manera activa. Gracias.
Siete horas más tarde y cuando llegó la policia y la prensa para hacer fotos y grabar, nos han dicho que volvíamos a hacer checkin y a subir en el mismo avion, que, en teoría, no se podía usar... El viaje en ese avión ha sido sólo una hora (todo el mundo en silencio, pienso que rezaban), pero una hora HORRIVEL!
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