Una casa de Brasil está llena de cosas maravillosas que jamás encontraríamos en una española. Para empezar, la alimentación. Una de las cosas más importantes que no falta en ninguna casa es la pimienta, pimienta de todo tipo de todas las clases posibles (hay decenas); esto para mí supuso una de las más importantes señales que recibí al llegar al país: estaba en el sitio adecuado.
Lo que diferencia a un país de otro es la situación geográfica en el planeta y el tamaño, bien, la situación de Brasil es la que provoca el clima tan vivo que hay, cambia todo el rato: diluvia, te mueres de calor, diluvia, a los quince minutos está nublado, sale el sol y es verano... vives las cuatro estaciones del año en veinticuatro horas (imagináos para vestirse uno por la mañana, locura); del concepto tamaño no hablamos, creo que es evidente. A su vez, este clima tan especial, húmedo y variante provoca una naturaleza específica y rica en todo (colores, sabores, formas), alimentos que sólo hay aquí y que, al mismo tiempo: provoca personalidades en los brasileiros. Que TODOS los brasileños estén enamorados de su país y su cultura, no respetan la música que hacen ellos mismos: la aman, que haya una especie de crema Nivea (que no sabe a nada pero engancha) para desayunar, que el asfalto de cualquier barrio (hasta el más rico) esté destrozado por las raices de los árboles gigantes (y se respete así) que cualquier diseño de tetrabrik provoque la felicidad, que existan frutas de color verde en forma de estrella... a mi, personalmente, me parece lo más.
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